domingo, 18 de noviembre de 2007

LOST IN TRANSLATION

Quizá los cuadros de Hopper a los que aludí aquí ayer se pudieran unir de alguna forma con esas escenas de Sofía Coppola en Lost in translation, cuando Bill Murray contempla por los ventanales de los rascacielos la nocturna ciudad de Tokio. El cine se funde en la pintura y la pintura en el cine mientras las pupilas dilatadas del actor que no consigue dormir son reflejadas en la gran capital acristalada en la noche. Hopper hubiera dejado inmóvil un cuadro más sobre la soledad y Bill Murray se hubiera dejado pintar en su incomunicación mientras agitaba levemente en sus manos, al lado de Scarlett Johansson, ese vaso de wisky con hielos de silencio.

1 comentario:

AMora dijo...

Qué pequeña gran película. Qué sencilla manera de demostrar que en el cine (y en los libros, también, claro) es tanto o más importante lo que se dice que lo que se calla.

Un placer leerle, José Julio.