martes, 5 de febrero de 2008

LIBRERÍAS "DE ARTE Y ENSAYO"


¿Van a surgir las librerías de "arte y ensayo", las "LIR" o librerías independientes de referencia?
En un muy interesante artículo del editor Mario Muchnik en el número de febrero de "Revista de libros" se señala que "hace ya muchos años que entrar en una librería es cosa de valientes. La oferta es tan enorme, la preparación media de los libreros de hoy es tan escasa y el afán editorial de vender es tan irrefrenable que cualquier supermercado de alimentación está mejor ordenado y es más amigable con la clientela que la librería media. Ésta parece hecha para ahuyentar al posible lector: intimida. Intimida hasta a quienes estamos fogueados en eso de comprar libros".
Las palabras de Muchnik no tienen desperdicio y hacen reflexionar:
"Preveo -dice - que las librerías medianas o grandes se parecerán cada vez más a los buenos mercados de productos alimenticios. Oferta abundante, pero nada de caos. Las manzanas junto a las naranjas, pero separadas de las coles. Harry Potter separado de Cien años de soledad. Mucha luz, un ambiente acogedor, el bullicio alegre de los mercados. Bien, muy bien.
Estoy refiriéndome, en definitiva, a una separación clara de géneros, que no existe hoy. Es difícil que en un concierto rock intercalen la sonata Claro de luna de Beethoven. Sin embargo, eso es precisamente lo que sucede en las librerías. Una librería, al parecer, debe ofrecer todo lo que tenga forma de libro. Es como entrar en una buena frutería y encontrarse con que también venden tabaco. Creo yo, pero sólo lo creo, que tarde o temprano, aparecerán las "librerías de arte y ensayo". Estas tiendas, a cambio de buenas ventajas fiscales, sólo ofrecerán libros de venta modesta. En el cine, en todo caso en Francia, ya es así desde hace muchos años.(...) En Francia se proponen la creación de la etiqueta "LIR" (Librería Independiente de Referencia) para distinguir los locales que vendan sólo libros que constituyan un fondo literario y, por ello, sean transmisores de cultura, de aquellos otros que, aunque también vendan libros, funcionen como papelerías, quioscos de tarjetas postales, periódicos, jugueterías, etc. Todo nace de la doble constatación de que, por una parte, ciertos libreros se toman la molestia de aconsejar ciertos libros y ciertas lecturas a su clientela, y otros no. Será allí, en las librerías de "arte y ensayo", en las "LIR", donde se ofrecerá la obra de Beckett, como las de Joyce, Proust, Conrad o Góngora. Con la mente despejada y sin inhibiciones, el lector del siglo XXl entrará en ellas sabiendo que, sin problema alguno, encontrará lo que le interesa y no lo que el marketing le imponga. Y descubrirá muchas otras obras de cuya existencia a lo mejor nunca tuvo noticia."
(A veces un blog - que además se titula Mi Siglo- no puede hacer más que servir de eco a reflexiones que, si no suscitan la polémica, sí alimentan enormemente la curiosidad).

1 comentario:

Javier Prieto dijo...

Leo con antención esta entrada y me viene a la memoria el fenómeno del VIP y los centros comerciales, verdaderos testaferros de algunas editoriales, pero en cutre, permítaseme decir. Disponer de un local de grandes dimensiones, donde poder comprar todo tipo de artículos, incluidos los libros, y dotarlo de un pseudo ambiente "café literario" o incluso "lounge" o "restaurant" es un experimento importado y a mi juicio aberrante, porque en España, lamentablemente, lo que se copia, se copia mal. La Casa del Libro de Madrid, o la Fnac, cuentan con reducidísimos espacios para hojear compras potenciales mientras se degusta algún tipo de bebida excitante. Lo mejor, las vistas a la Gran Vía de la primera, o el mini foro de la factoría francesa (el café va aparte). Durante mi última estancia en Estados Unidos, tuve la ocasión de visitar una de las grandes tiendas que Barnes & Noble tiene repartidas por todo el país, en el condado de San Mateo. Ambiente comercial, sí, pero con una cafetería digna de cualquier tertulia literaria y un concepto de librería mucho más amplio. Pienso que Starbucks también sigue esa línea más intimista entre producto y cliente, acertada en muchos casos (eventos en los mismos locales) y de una gran calidad (café, cake y periódico gratuito, al menos en Estados Unidos). Para concluir, solamente quisiera hacer un pequeño apunte más, profesor. Y es el trabajo de los traductores a la hora de hacernos llegar la esencia de las grandes obras literarias. Soy partidario de leer a los clásicos en su lengua original (también a los más actuales, un ejemplo de ello es la última novela de Ken Follett, sin comentarios), para poder comprender mejor el contexto y la magnitud de su significado. Sin embargo, ¿no sería excelente, a própósito de esta entrada, contar con librerías especializadas en "arte y ensayo", en "literatura universal", con buenas traducciones al español y, asimismo, ediciones en su idioma original? ¿Es Wilde, o Kafka, o Dostoievski el mismo autor cuando nos llega traducido? Mi última decepción: La misteriosa llama de la reina Loana (en italiano, aunque lejos de la brillantez de Umberto Eco, es algo más interesante que su versión hispana; por cierto, he leído que hasta los grandes autores hispanoamericanos han sido traducidos del español al español, en un intento por "normalizar" los giros y expresiones autóctonas, entre ellos, Carlos Fuentes o Vargas Llosa). En fin, ahí queda esta reflexión. Un saludo.