sábado, 1 de diciembre de 2007

RECUERDO, SÍ, LO RECUERDO


Recuerdo, sí, lo recuerdo. Recuerdo a Marcello Mastroiani contando en un pequeño escenario y ante sólo seis personas y en las montañas de Portugal, en los descansos del rodaje de Viaje al inicio del mundo, de Manuel de Oliveira, lo que recordaba de su vida hilvanada. Recuerdo que contó un sueño donde alguien le decía que llevara consigo los recuerdos de la casa de sus padres. Recuerdo también a mi padre, ya anciano, subiendo conmigo unas escaleras. Recuerdo haber mojado un día una magdalena en una taza de te y cómo las migajas humedecidas me llevaban a los Campos Elíseos, a la blancura de un tiempo recobrado de muchachas en flor y a sus vestidos deslumbrantes. Recuerdo, sí, lo recuerdo. Recuerdo cómo recordaba Simenon su infancia y evocaba en París su sombrero flexible y la gabardina de espía con la que se embozaba para escuchar conversaciones y ternuras. Recuerdo en Jerusalén un huerto nocturno con olivos. Recuerdo en Roma Via Margutta y un patio de anticuarios. Recuerdo en Londres un teatro redondo donde se escuchaba a Shakespeare. Recuerdo mi mano en Venecia tocando el agua desde el borde de la góndola. Recuerdo un viaje en automóvil por un valle navarro de España. Recuerdo mi primer baile en la noche con quien sería mi mujer. Recuerdo haber leído los recuerdos del escritor francés Georges Perec. "Je me souviens", decía Perec, "je me souviens" decía Simenon, "mi ricordo, sì , io mi ricordo", decía Mastroiani. Recuerdo la niebla en los faros en lo alto de una montaña. Recuerdo la gran playa en la tarde, la extensión desierta, los caballos blancos. Recuerdo los ojos de un ciervo mirándome. Recuerdo el brillo rojizo de una chimenea. Recuerdo, sí, lo recuerdo. Recuerdo escribir al amanecer, en el silencio de la casa. Recuerdo haber soñado con música. Recuerdo ventanas y puertas de las ruinas de Palenque, en México. Recuerdo el color de las hayas en La Granja. Recuerdo los cines del Barrio Latino en París. Recuerdo los ojos de mi madre. Recuerdo, sí, lo recuerdo. Recuerdo cuando me llamó ese vecino, Alzheimer, y le dije que nunca estaría en casa. Recuerdo aquel olor de lluvia en la tarde de verano, aquel olor de lluvia permanente, aquel olor a lluvia que no cesa.


jueves, 29 de noviembre de 2007

¿ES ESTO VERDAD?

¿Es verdad que acabo de oir el trueno o acaso lo voy a oir ahora? Estas raíces blancas en el cielo, las venas en el corazón de la tormenta, el temblor del paisaje, los cables eléctricos, el estremecimiento de las nubes, las contracciones del aire, ¿todo esto es verdad o es fantasía?. Es verdad, me dice Tolkien paseando, lo hacemos bajo el imperio de los ruidos, entre las luces viol áceas, él mira al cielo y me explica que Thörr es el nombre del Trueno, y Miöllnir el martillo del relámpago y que el Trueno tiene la barba roja, la voz potente, el temperamento violento y la fuerza bruta y aniquiladora.
-¿Pero es esto verdad?.-le insisto preguntando.
Me contesta con las frases que pronunció en su célebre conferencia del 8 de marzo de 1939 en la Universidad de Saint Andrews, en Escocia, y que llevó por título "Sobre los cuentos de hadas". Están recogidas en el volumen Árbol y Hoja y las he leído muchas veces. Sí, es verdad - me dice Tolkien -. Probablemente todo escritor, todo sub-creador que elabora un mundo secundario, una fantasía, desea en cierta medida ser un verdadero creador, o bien tiene la esperanza de estar haciendo uso de la realidad.
Pero mire usted -me sigue diciendo Tolkien mientras andamos -, la cualidad específica del "gozo"en una buena fantasía puede así explicarse como un súbito destello de la verdad. No se trata sólo de un "consuelo" para las tristezas de este mundo, sino de una satisfacción y una respuesta al interrogante: "¿Es eso verdad?". La contestación que di al principio fue: "Si habéis creado bien vuestro propio mundo, sí; en ese mundo es verdad".
El aire extremadamente caliente se expande ahora sobre nuestra conversación, el roce con el otro aire frío del ambiente produce tal onda de choque, tal estruendo en el relámpago, que raíces de luz iluminan el cielo de la cara de Tolkien mientras nos despedimos.


miércoles, 28 de noviembre de 2007

UN HADA EN UNA LIBRERÍA

Me contaba Mujica Láinez hace casi veinte años - ¿o fue ayer?-que estando un día en Londres vio de repente una pequeña librería cerrada y en su escaparate un libro abierto que mostraba a un hada. Le gustó y pensó comprarlo a la vuelta de su visita al Museo Británico. Una hora después, en la misma plaza le extrañó no ver la librería, preguntó a un guardia y le contestaron que jamás había existido una librería en esa zona. Volvió al día siguiente, pero nunca jamás pudo hallarla.
Todo ello lo cuento en mi libro Diálogos con la cultura, como relato también la historia de la sortija.
- Yo tenía una sortija - me dijo también aquella tarde el autor de Bomarzo - que me habían regalado entre veintisiete amigos, porque era extremadamente cara, era un ágata que tenía tallado el perfil de Shakespeare. Y ese anillo lo tuve siempre, siempre hasta hace unos dos años en que nadie sabe cómo desapareció. Como si fuera algo mágico. Era un día de mucho frío; yo no salí al jardín, me acosté a dormir la siesta, me puse una manta sobre mí..., y cuando me desperté noté que no tenía mi sortija... todo fue muy raro; no había nadie extraño en la casa, era el mismo servicio que ahora tengo..., se revolvió todo, incluso la chimenea, las cenizas por si se me había caído..., y jamás, jamás apareció...
Lo que nunca le confesé a Mujica Láinez era que yo fuí quien robó la sortija. Aprovechando su sueño, entré por el jardín e, inclinándome sobre el sofá del novelista, le extraje con gran cuidado el ágata. Es ese perfil de Shakespeare que la gente tanto envidia y que generalmente llevo yo.

domingo, 25 de noviembre de 2007

LA MAR, EL MAR


¡Mármara, mar, maramar,
confluyan los estribillos!
Los azules se barajan,
cielos comunicativos.
Siento en la piel, en la sangre
-fluye todo el mar conmigo-
una confabulación
indomable de prodigios.
¡Mármara, mar, maramar,
y ser y flotar -y un grito!
Cuando acaba de recitar Jorge Guillén aún sigo contemplando el océano.

sábado, 24 de noviembre de 2007

HACER COMPRENDER, HACER SENTIR, HACER VER (2)

Y para celebrar también estos tres meses de blog que se cumplen mañana he invitado a ver conmigo "Apocalypse Now" al mismo Conrad. Sentado en su butaca ha mirado de reojo la película y luego hemos hablado de su prólogo a El negro del "Narcissus". Hay que tener - me ha aconsejado sobre el quehacer artístico - un esfuerzo sincero para llevar a cabo esta obra creadora, para caminar por esta vía todo lo lejos que sus fuerzas le permitan, sin dejarse abatir por las vacilaciones, el cansancio o los reproches, es la única justificación valedera del que trabaja en una obra de imaginación. Y a aquellos - ha continuado - que, en la plenitud de una sabiduría que busca un provecho inmediato, exigen que se les consuele, divierta o dé ejemplo, cuando no que se les mejore, anime, asuste, violente o deleite sin demora, deberá, si es de conciencia clara, responder lo siguiente: "El fin que me esfuerzo por alcanzar, sin otra ayuda que la palabra escrita, es haceros comprender, haceros sentir y, ante todo, haceros ver. Esto, y sólo esto; simplemente. Si lo consigo, aquí encontraréis, con arreglo a vuestros merecimientos, ánimo, consuelo, terror, deleite, todo lo que puede complaceros, y acaso también ese atisbo de la verdad que olvidásteis reclamar".



Después, al salir, le he preguntado por Coppola pero aún no he conseguido adivinar si le gustó la película.

HACER COMPRENDER, HACER SENTIR, HACER VER (1)


Para celebrar los tres meses de este blog que se cumplen mañana me ha acompañado esta tarde la mirada del coronel Kurtz al final del río de lecturas y cine, corriente arriba en una patrullera, dejando atrás la Caballería Aérea con su carga de aspas y de espuma en "La cabalgata de las Walquirias", mi habitación oliendo a humo, fuego y gasolina.
He visto la película de Coppola una vez más, los helicópteros coronando el sofá, bengalas, gritos y disparos que llegaban del pasillo "y sobre ese rostro de marfil la expresión de sombrío orgullo, de implacable poder, de pavoroso terror...de una intensa e irredimible desesperación. ¿Volvía a vivir su vida, cada detalle de deseo, tentación y entrega, durante ese momento supremo de total lucidez? Gritó en un susurro a alguna imagen, a alguna visión, gritó dos veces, un grito que no era más que un suspiro: "¡Ah, el horror! ¡ El horror! ".

jueves, 22 de noviembre de 2007

MANOS QUE HABLAN

Aunque con los movimientos de las otras partes del cuerpo se suele acompañar el hablar, no hay sin embargo miembro que a todas las variedades del decir (que son infinitas) pueda acomodar sus actos sino las manos, que en cierto modo puede decirse que en verdad hablan.
¿Escribe esto sobre ese papel el médico napolitano Bartolomeo Maranta en 1575 o son las dos manos de Escher, las dos manos del dibujante y grabador holandés las que al unísono están copiando lo que dijo Maranta? Nunca lo sabremos. Las manos que escriben adquieren esos efectos ilusorios, esquemas geométricos basados en falsas perspectivas y las fechas y los tiempos se anotan cada una con un lápiz. Las manos hablan entrecruzándose y las manos de pronto se levantarán del papel y comenzarán a actuar.
Es el lenguaje de los gestos, la señal de los dedos indicando, ordenando, señalando, ayudando a comprender, a veces llevando el índice a los labios para representar el silencio. Hoy que ha muerto un actor en España el gesto en el arte escénico evoca a las manos que envuelven y entregan las palabras al patio de butacas. Los patios de butacas muchas veces son las calles con sus aceras de movimientos gestuales, discusiones, ruegos, opiniones, amenazas, la representación de las manos que intentan explicar lo que la fuerza de las palabras ya explicó, pero que ahora la flexión de los dedos y la concavidad de las palmas empuja y arroja al espectador que escucha.
Luego las manos se calmarán. Tomarán esta noche un papel y un lápiz y otra vez, cruzándose, volverán a escribir.