miércoles, 12 de septiembre de 2007

CONTEMPLANDO EL FUEGO

Por la puertecita que da al jardín, que da al vestíbulo, que da al mar, por el pasillo de esta casa de campo donde vivo, casa sobre rocas, casa sobre llanuras y montes, casa sobre la gran ciudad y sus rascacielos, por este breve pasillo familiar tantas veces recorrido, llego siempre hacia las siete o siete y media de la tarde al salón donde está la chimenea y me siento en el butacón rodeado de libros.
Los dos- el poeta y yo- contemplamos en silencio el crepitar del fuego.
-"...Porque el fuego material, ¿ve usted? -me dice suavemente la voz de este poeta sentado a mi lado-, en aplicándose al madero, lo primero que hace es comenzarle a secar, echándole la humedad fuera y haciéndole llorar el agua que en sí tiene; luego le va poniendo negro, oscuro y feo y aun de mal olor, y, yéndole secando poco a poco, le va sacando a luz y echando afuera todos los accidentes feos y oscuros que tiene contrarios al fuego; y, finalmente, comenzándole a inflamar por de fuera y calentarle, viene a transformarle en sí y ponerle hermoso como el mismo fuego...", ¿lo advierte?
Sí, sí lo noto, le respondo cada tarde a esta hora a San Juan de la Cruz.
Miramos los dos el fuego y él va viendo dentro del fuego todos los movimientos del alma, lo que nos pasa en la vida, el llanto del agua bajando por los recuerdos, sequedades sentidas, color de llamas encendidas, esperanzas inflamadas, troncos de años.
Así nos quedamos largo rato.
Después, hacia las ocho, cuando la noche entra por la puerta del jardín, por la puerta del mar, por la puerta del vestíbulo, mi casa en lo alto de los montes y de los rascacielos aparece iluminada sobre el tráfico, río de luces interminables y rumor de civilización.
Mañana a las siete volveré a estar otro rato en silencio con San Juan de la Cruz.

domingo, 9 de septiembre de 2007

LA VOZ HUMANA

En el monólogo teatral "La voz humana" de Cocteau la actriz aparece en una habitación azulada y oscura, en un decorado enmarcado por cortinajes rojos, con una cama desordenada al lado y como centro de todo un teléfono. El teléfono siempre ha atraido a escritores y artistas. "Esa idea -decía Auster- de estar hablando con alguien, de crear cierta intimidad y, al mismo tiempo, ser completamente invisible...Se pulsan unos botones y se puede hablar con cualquiera en el mundo. Resulta tan misterioso... Es al mismo tiempo aterrador, inútil, y a veces magnífico..."
Por eso esta mujer que pasa del nerviosismo a la mentira, de la mentira a la seducción, de la seducción al abandono, esta mujer que habla y habla caminando y volviendo a caminar por la escena sin soltar nunca el teléfono, esta mujer que estira el cable de la distancia, que pregunta, disimula, sospecha, a la que vemos de espaldas y de perfil, de la que oimos su timbre suave y encantador transformado de pronto en cruel y vengativo, esta mujer atada a la voz humana que le habla, la voz que necesita oir, la voz a la que su voz responde, la voz que querría siempre al lado, es hermana de esta otra mujer moderna que cruza la calle hablando por el móvil, que habla mirando a escaparates, que sigue hablando mientra sube escaleras, esta mujer sin cable, con el oído pegado a la voz, esa voz que le ha hablado siempre al otro lado del teléfono, esa voz necesaria, urgente, la voz que quiere retener, esa voz que no se puede escapar, no, él no me puede colgar, ¡no, no me puedes colgar!, eres la media naranja de mi voz, ¡eres casi mi voz misma!
Por eso cuando en la escena de Cocteau vemos cómo esta mujer se va enrollando al cuello el cordón del teléfono y desesperada, incrédula, asustada ante tanto silencio, va diciendo "¡Dios mío, que me llame! ¡ Dios mío, que me llame!", no nos extraña ver a esta otra mujer en la calle pendiente del móvil que acaba también de escuchar un completo silencio y repite lo mismo, "¡Dios mío, que me llame! ¡ Dios mío, que me llame!", antes de caer desvanecida al suelo.

viernes, 7 de septiembre de 2007

"PETITE POMME"

-Para parecer hermosa - le dice ahora el fotógrafo a esta mujer antes de disparar-, lo que tiene usted que hacer unos segundos antes de mi destello es articular las siguientes sílabas misteriosas en francés, aunque usted no sepa el significado. Diga muy despacio: "Pe-tite-pomme". Verá como por arte de magia, su boca, en lugar de formar una mueca ansiosa, se hará un círculo, sus cejas se arquearán ligeramente y el óvalo de sus mejillas se alargará. Repita otra vez muy despacio "petite pomme" y obtendrá una dulzura distante en su rostro, se refinarán sus facciones...
Efectivamente así es. Suenan diversos "clics" en la terraza y la pequeña manzana de la cabeza de esta mujer recostada en una esquina es movida por el sol y las sombras, los recortes de la tarde captan toda la superficie de la piel, la cámara encuadra la belleza. Ella apenas silabea "pe-tite-pomme", "pe-tite-pomme" muy despacio pero la tristeza velada o su infinita melancolía al creer que ya no verá más a ese hombre, al creer que nunca más será amada, no consigue que la fotografía la recoja. El criterio fundamental de valor en la fotografía, que es que la imagen sea inolvidable, no abraza al olvido. El temor a ser olvidada está en los ojos de esta mujer, está en los labios que repiten "pe-tite-pomme","pe-tite-pomme" muy despacio...
Luego ella queda en soledad y el fotógrafo se aleja. Cree que ha cumplido con su oficio.

jueves, 6 de septiembre de 2007

EN UNA TAZA DE CAFÉ

Antesdeayer, que Claudio Magris presentó en Barcelona su nuevo libro, "Así que usted comprenderá", me acordaba del Café San Marcos de Trieste, ese café que aparece en "Microcosmos", la pequeña mesa de mármol con el pie de hierro colado, y encima de ella, entre Magris y yo, esa presión de la cerveza, o bien la taza de café, el aroma que asciende de la conversación. Tabucchi va a un viejo café de Forte dei Marmi, una ciudad costera cercana a Pisa, y allí escribe, como escribe Magris en Trieste, como escribían y corregían los franceses en el parisino "Les Deux-Magots". En todos los sitios, como en el de Lisboa que visitaba Pessoa o como en los de la Viena imperial de entreguerras, el café parece que está esperando el azúcar y la cucharilla pero únicamente espera que revuelvan un poco a las palabras, que las palabras se escriban en el cuaderno y que el cuaderno se lea o bien que las palabras dialoguen en voz alta con otras palabras que están en la mesa de al lado, y éstas a su vez dialoguen con otras y salgan todas paseando a la calle y a veces se exciten en la esquina, en alguna ocasión choquen sus nudillos y presenten las palmas de sus manos como si se retaran. El café llama a la conversación y a la confidencia y la taza es el pretexto para consumir el tiempo y arreglar el mundo, para vaciar la vida de uno en ese platillo que hay a veces con un cigarrillo y otras veces sólo sostiene al aire.
Pero de pronto viene el camarero a quitarnos todos esos pensamientos. No hay más remedio que levantarse.
-Así que usted comprenderá.-me dice Magris ya en la puerta.

miércoles, 5 de septiembre de 2007

LAS PLAYAS INVISIBLES

Paseando por la playa con Karel Capek, el autor de "Guerra con las salamandras", apurando estos días de septiembre. Me cuenta que hace poco se embarcó en el Mediterráneo. "Es tan bellamente azul - me dice-que uno no sabe cuál es el cielo y cuál el mar, por lo que en todas partes de la costa y de los barcos hay letreros que indican dónde es arriba y dónde abajo; de otro modo uno podría confundirse. Fíjese, para no ir más lejos, el otro día, nos contó el capitán, un barco se equivocó, y en lugar de seguir por el mar la emprendió por el cielo; y como el cielo es infinito no ha regresado aún y nadie sabe dónde está".
Le pregunto si en el cielo hay ciudades invisibles como relata Calvino. Naturalmente que sí, me dice Capek, ya sabe que, como dice Calvino, "suspendida en el cielo existe otra Bersabea donde se ciernen las virtudes y los sentimientos más elevados de la ciudad y que si la Bersabea terrena toma como modelo la celeste llegará a ser una sola cosa con ella".
-Entonces ahora ¿dónde estamos?- le pregunto a Capek paseando despacio por la arena.
-Estamos arriba - me dice-, en esta playa invisible, de nombre Colina del Sol. Asómese y verá la Tierra.
Efectivamente, miro hacia abajo, al otro lado del mar y entre las nubes, y veo perfectamente la Tierra. Veo a dos hombres diminutos paseando por la arena de la playa que miran hacia el cielo y el mar.
- ¿Y cree usted que sabremos volver?- le digo a Capek preocupado.
-No lo sé. Esto es infinito. Vamos a intentarlo. No se preocupe. Mientras tanto vamos a dar una vuelta.

martes, 4 de septiembre de 2007

TARDE EN LA NOCHE

Tarde en la noche me levanto dormido a beber un vaso de agua y a picar algo en la nevera, pero el resplandor helado del frigorífico, estas botellas alineadas, el acuarium de frutas y aceitunas me impide salir de este sueño, muevo la pierna y cambio de postura pero vuelvo a inclinarme a coger algo, no sé, quizás esta cucharadita de helado para volver a dormir, me gustaría despertarme, siempre me pasa, cierro la puerta del frigorífico y voy hacia el comedor y veo a este hombre de pie que me espera en el centro del sueño. ¿Por qué sueño con él, quién es este hombre, qué quiere de mí? "Es asombroso- me dice- que cada mañana nos despertemos cuerdos después de haber pasado por esa zona de sombras, por esos laberintos de sueños". Es verdad, y por eso muevo la pierna otra vez, sí, sé que he movido la pierna, no sé si dormido o despierto, intento abrir los ojos en este comedor, mirar a este hombre fijamente, saber quién es, pero el sueño sigue con los ojos cerrados, siempre tengo este sueño, sueño de ojos cerrados que no consiguen despertarse, y así vuelvo al pasillo, de nuevo al resplandor de la nevera, la luz de las botellas, mi mano que toma esta cucharadita de helado y así me voy quedando otra vez dormido.

lunes, 3 de septiembre de 2007

( NOTAS A LECTURAS) (Umbral. 2)

Hoy Arcadi Espada en su columna de EL MUNDO habla de Anna Caballé a la que yo me referí en mi blog del 29 de agosto. El libro de la profesora sobre Umbral -"El frío de una vida"-"cuya sola mención - dice Espada-se ha eludido estos días como peste en el duelo por el escritor" abre, como dije, el panorama sereno de la crítica. ¿No es más alto y profundo en Lorca "Poeta en Nueva York" que otros "Romanceros" aplaudidos popularmente en un principio? ¿No hay obras teatrales de Valle-Inclán o novelas como "Tirano Banderas" que superan a algunas de sus "Sonatas"? ¿Qué ha quedado de la musical sonoridad de Gabriel Miró? ¿Qué lugar ocupan en Galdós los "Episodios Nacionales"? Es necesaria la distancia. Hacer crítica rigurosa y sosegada supone ir colocando-lo hacen los historiadores-las cajas de las obras en las estanterías de la gran Biblioteca. Además vienen luego las modas. ¿No nos trae el viento, por ejemplo, de nuevo a Stefan Zweig? Vientos y modas entran y salen por las ventanas de la Biblioteca del mundo cruzada de laberintos. "El tiempo lo cura todo", le dice un lector a otro mientras hojea en la penumbra un libro olvidado. Y el otro en silencio asiente mientras abre también otras páginas y, tras desempolvarlas, las vuelve a colocar cuidadosamente alineadas en su memoria.