miércoles, 19 de marzo de 2008

EL TALENTO DE MR. RIPLEY



La muerte prematura de Anthony Minghella, el hombre que dirigió "El paciente inglés", "Cold Mountain" o "El talento de Mr. Ripley" me lleva primero con el recuerdo al sol de la Riviera en donde Matt Damon habla, se burla, atrae y esquiva a Jude Law en un clima de astucia, codicia y soledad, pero pronto ese sol cegador me conduce a esta casa en Tegna, Suiza, a esta habitación, también de soledad, esta habitación en la que está golpeando la máquina de escribir Patricia Highsmith rodeada de sus objetos-fetiches: esos dos sables cruzados en la pared, uno de la guerra civil americana y otro de la guerra de Cuba y esos caracoles que ella cultiva y cría - que ha llevado consigo cada vez que se ha mudado de casa - y que han sido protagonistas de algunas de sus historias. Caracoles y gatos que la maestra de la intriga ama tanto, aunque más ama atraer al lector con argumentos inolvidables.

Si nos acercamos por detrás podremos asomarnos para ver en qué trabaja ahora y no nos sorprende que aún esté añadiendo más cosas a su valioso libro, "Suspense". Cómo se escribe una novela de intriga ( Anagrama).
¿Y cómo se escribe?, nos preguntamos.
"La dificultad más frecuente con que tropieza el principiante cabe expresarla en esta pregunta: "¿Qué sucederá a continuación?" - dice Highsmith - Es una pregunta aterradora, que puede hacer que el escritor tiemble de miedo al público y, además, que dé la sensación de estar desnudo en un escenario ante una nutrida concurrencia sin saber qué hacer para entretenerla. De repente se ha visto obligado a pensar en algo que seguramente nunca se le ocurrió pensando, porque la inspiración o el germen de una idea nunca se presentan pensando".
Cuando salgo de esta habitación en soledad, el cuarto de los sables cruzados y de los caracoles - y también de los gatos -, recuerdo que esa pregunta que se hace Highsmith es, en el fondo, la que siempre lanzan los niños.
-Y después a ella, ¿qué le pasó? - interrogan asombrados.
Porque el niño siempre quiere seguir la dinámica de la historia que le están contando, no quiere cristalizarla, no quiere que se haga estática. En la vida una cosa debe suceder a la otra.
- Entonces, ¿qué pasó? ¿qué pasó después? - vuelven a insistir.
Y Patricia Highsmith se esfuerza por contar qué le sucedió después a Tom Ripley, y a Dickie, y a su amiga Marge, y cómo el sol de la Riviera - como un cuchillo - cortó de un lado a otro la crueldad.

martes, 18 de marzo de 2008

EN UN TRANVÍA DE LISBOA


Estos días que paso en Lisboa subo en el tranvía hacia lo alto de la ciudad, viajo enfrente de una muchacha tan absorta en el cristal de su ventanilla que no se ha dado cuenta de que a mi lado viaja Pessoa. Vamos los tres sentados, en este tranvía semivacío, ascendiendo las empinadas calles. Oigo el rumor de las palabras de Pessoa que me va diciendo:
-Yo voy fijándome lentamente, ¿sabe usted?, de acuerdo con mi costumbre, en todos los detalles de las personas que van delante de mí. ¿Usted no lo hace? Para mí, los detalles son cosas, voces, frases. En este vestido de muchacha que va frente a nosotros, descompongo el vestido en la tela de que se compone, el trabajo con que lo han hecho - pues lo veo como vestido y no como tela - y el bordado leve que rodea a la parte que da la vuelta al cuello se me separa de un torzal de seda, con el que se bordó, y el trabajo que fue bordarlo. E inmediatamente, como en un libro elemental de economía política, se desdoblan ante mí las fábricas y los trabajos: la fábrica donde se hizo el tejido; la fábrica donde se hizo el torzal, de un tono más oscuro, con el que se orla de cositas retorcidas su sitio junto al cuello; y veo las secciones de las fábricas, las máquinas, los obreros, las modistas; mis ojos vueltos hacia dentro penetran en las oficinas, veo a los gerentes procurar estar sosegados, sigo, en los libros, la contabilidad de todo esto; pero no es sólo eso: veo, hacia allá, las vidas domésticas de los que viven su vida social en esas fábricas y en esas oficinas...Todo el mundo se despliega ante mis ojos sólo porque tengo ante mí, debajo de un cuello moreno, que al otro lado tiene no sé qué cara, un orlar irregular verde oscuro sobre el verde claro de un vestido.
Toda la vida social yace ante mis ojos.- sigue diciéndome Pessoa - ¿A usted no le pasa?
Más allá de esto - continúa el poeta -, presiento los amores, las intimidades, el alma, de todos cuantos trabajan para que esta mujer que esté delante de nosotros en el tranvía, lleve, en torno a su cuello mortal, la trivialidad sinuosa de un torzal de seda verde oscura en un tejido verde menos oscuro.
Me aturdo - prosigue al fin Pessoa -. Los asientos de este tranvía, de un entrelazado de paja fuerte y menuda, me llevan a regiones distantes, se me multiplican en industrias, obreros, casas de obreros, vidas, realidades, todo.
Bajamos los dos del tranvía en lo alto. ¿Estoy de verdad en Lisboa? ¿No será que no me he movido de mi cuarto y he imaginado que viajaba aquí con Pessoa, que los dos veíamos a esta muchacha que no existe, que el poeta me hablaba? ¿No será que nunca he estado en esta ciudad y que jamás he subido por estas calles?
Pero entonces, ¿ese tranvía que se va, ese hombre de las lentes y del negro sombrero que escapa...?

domingo, 16 de marzo de 2008

DISPARAR SOBRE EL PRINCIPITO



Volaba en su modelo Lightning P38 tras su reconocimiento sobre la región de Annecy. Como todos los escritores del mundo llevaba en la cabeza, junto a los auriculares, todo lo que había ido redactando en los años anteriores y no veía entre las nubes el caza Jgr.200 de la Lüftwaffe, porque iba repasando en su memoria aquellos textos que él había dejado ya entre sus papeles.
"¡Nos hemos ocupado tanto del cuerpo! - iba diciéndose Saint-Exupery mientras conducía su aparato -¡Lo hemos vestido, lavado, cuidado, afeitado, abrevado, nutrido tanto! Nos hemos identificado con este animal doméstico. Lo hemos llevado al sastre, al médico, al cirujano. Hemos sufrido con él. Hemos gritado con él. Hemos amado con él. Decimos de él: soy yo. Y he aquí que, de repente, esa ilusión se derrumba. ¡Sin duda nos burlábamos del cuerpo!...¿Tu hijo está cercado por las llamas? ¡Lo salvarás! Es imposible retenerte: ¡Estás ardiendo! Te importa un bledo. Dejas en prenda esos trozos de carne a quien los quiera. Descubres que no tenías apego a lo que te importaba tanto...Se trata de salvar a tu hijo. Te intercambias. Y no tienes la sensación de perder en el cambio...El fuego no sólo ha destruido la carne, sino también, al mismo tiempo, el culto a la carne. El hombre ya no se interesa por sí mismo. Sólo se impone a él aquello de lo que es. No se elimina, si muere: se confunde. No se pierde: se recupera. Esto no es deseo de moralista. Es una verdad usual, una verdad de todos los días, cubierta por una ilusión de todos los días con una máscara impenetrable...Sólo en el instante de devolver este cuerpo descubren todos, siempre, con estupefacción, qué poco apego tienen al cuerpo".
Recordaba, sí, iba recordando mientras volaba que aquello lo había escrito en Piloto de guerra, un año antes, en 1943, después de Vuelo de noche. Ahora seguía pilotando entre las nubes aquella novena misión, sin darse cuenta de que le seguía en el cielo aquel otro piloto alemán, Hors Rippert, el hombre que acaba de confesar que él abatió al autor de "El Principito".
Recordaba, si, recordaba todo Saint-Exupery porque los escritores llevan siempre en la cámara de su memoria aquello sobre lo que han trabajado porque en ello han creído.
De repente sonó una ráfaga. "El aparato estaba 3.000 metros debajo de mí, cerca de Marsella. Nada más verlo, me dije: si te acercas un poco más, te voy a reventar. Le disparé y le alcancé".
Eran las 13 horas, 30 minutos del 31 de julio de 1944.

viernes, 14 de marzo de 2008

ESPECIES DE ESPACIOS


-Escribir: ensayar meticulosamente el retener cualquier cosa, hacer que sobreviva cualquier cosa: arrancar algunas migajas precisas al vacío que se ahueca, dejar, en alguna parte, un surco, un trazo, una marca o algunos signos.
Esto me dice junto a mí Georges Perec antes de emprender el viaje desde este cuaderno en que escribimos. Estamos en el espacio de la página, una página tamaño folio que vamos cubriendo con el tiempo de las letras, vamos uniendo palabras, las palabras nos abren paso al espacio del apartamento - espacios útiles e inútiles, puertas, muros, escaleras -. Las escaleras nos permiten caminar por el piso, nos bajan hasta el espacio de la calle, aquí están los lugares alineados que nos muestran el espacio del barrio, el barrio se expande a la ciudad, el espacio de la ciudad y sus límites de campo, el gran espacio del campo extendido sobre el país, la forma, las fronteras, el espacio del país, el espacio del continente, el mundo, ahora andamos sobre el mundo, miramos hacia ariba y en derredor y vemos el espacio desnudo, el gran espacio sin nombre, no se le puede tocar como no se puede tocar el tiempo, espacio sin medida, líneas verticales y horizontales, formas redondas, jugamos con el espacio mientras andamos por él, intentamos evadirnos, queremos conquistar el espacio y nos preguntamos si todo él es habitable, miramos al fondo del espacio y volvemos a ver el mundo, el continente, el país, el espacio del país, el espacio del campo, el espacio de la ciudad y del barrio, el espacio de la calle y del piso, el espacio del apartamento y por fin el espacio de estas palabras escritas sobre este cuaderno, este cuaderno que estamos escribiendo Georges Perec y yo cubriendo con el tiempo de las letras los espacios en blanco.

miércoles, 12 de marzo de 2008

VÉRTIGO


Paseo anoche con el autor de Las Diabólicas, la historia que llevó Clouzot al cine en 1955. Siempre que camino con Thomas Narcejac me hace ver lo que hay y lo que no hay en los paisajes, lo que esconde cuanto nos rodea.
- Ese álamo que me imagino - me va diciendo entre los árboles -, al borde de ese riachuelo que imagino, es más real, para mí, que el álamo real que se alza al borde del camino real. Porque el primero sé cómo está hecho puesto que soy yo quien lo ha creado, el otro no. ¿Ilusión? En absoluto. Usted me comprenderá perfectamente puesto que está escribiendo ese blog Mi Siglo que titula la invención de la realidad.
Indudablemente que le comprendo. ¿Estoy inventando yo ahora que camino con Narcejac o es verdad que es anoche cuando paseo con él y cuando me habla de nuevo?
-Por ejemplo - me dice -, fíjese usted: ese bosquecillo bañado por la luna es, al mismo tiempo, el bosquecillo-desde-donde-ha-disparado-el asesino, lo vemos con una nitidez, con una intensidad de la que habitualmente carece nuestra mirada. Nunca el mundo es más hostil, más patético que cuando ha cubierto la huida de un asesino. Hasta el menor detalle permanece en nuestra memoria, significativo e inolvidable. Si usted se da cuenta, al leer un libro policiaco, en el momento en que ha silbado la bala, o el cuchillo ha vibrado, las cosas que miraba el lector se han fijado bruscamente en una especie de eternidad; entre las cosas y el lector se ha establecido una comunicación que enriquece la ficción con todos los resortes de un mecanismo difuso, en bruto, pero arraigado hasta el fondo. ¿No le parece?
Es cierto. No me atrevo a pisar mucho esta realidad no vaya a ser que esté caminando sobre la invención, pero horas después, ya en casa, la imagen del sueño me trae a Simone Signoret y a Vera Clouzot en Las Diabólicas con aquel Paul Meurisse enigmático en la escena de la bañera. Ahora quisiera escapar angustiado, no puedo, me toma de la mano Narcejac, atravesamos corriendo esta película, y me hace subir a toda velocidad por esa escalera interminable donde ya me espera James Stewart arriba, abrumado, filmado por Hitchcock, antes de ser devorado por el Vértigo.

lunes, 10 de marzo de 2008

EL SILENCIO ANTES DE BACH



El silencio antes de Bach, después de Bach, en el órgano de Bach. La película de Pere Portabella nos lleva desde el vendedor de pianos hasta el violoncelista, desde el camionero hasta el carnicero, desde el librero hasta el mayordomo, nos conduce por los túneles del metro y nos deposita en estancias donde sólo se oye palpar las teclas de la música. "La música - decía Julien Green - dice frecuentemente lo que se debe decir porque dice lo que jamás la palabra ha podido expresar y a través del ruido maravilloso que hace atrae al silencio".
El silencio se alterna con el agua en esta película y el agua deja hundirse en ella la plenitud del piano mientras se deslizan sonatas de Mendelssohn. El silencio anticipa siempre, rodea y envuelve a cualquier creación. Sin el silencio no puede crearse y nosotros "soportamos en rigor el silencio aislado, nuestro propio silencio - recordaba Maeterlinck -; pero el silencio de muchos, el silencio multiplicado, y sobre todo el silencio de una muchedumbre, es un fardo sobrenatural cuyo peso inexplicable temen las almas más fuertes".
"La mayoría de los hombres -seguía diciendo Maeterlinck -no comprenden y no admiten el silencio más que dos o tres veces en la vida. No se atreven a acoger a ese huesped impenetrable sino en circunstancias solemnes. Acordaos del día en que os encontrásteis sin terror en vuestro primer silencio"
Luego el silencio nos sigue hablando, caminamos con él. Son confidencias que no contaremos jamás porque son diálogos íntimos.

sábado, 8 de marzo de 2008

SACRIFICIO




Cuando nos acercamos al agua que rodea a las casas que aparecen en la película, a la enfermedad colectiva que amenaza a los personajes, al incendio que envuelve, destruye y purifica, oimos la voz de Andrei Tarkovski revelando lo qué quería decir con Sacrificio:

-"El personaje de Sacrificio busca participar en la vida, influir en el destino de sus contemporáneos y de su país, sin dejar que sean los políticos profesionales los que decidan por él. Este individuo quiere introducirse en la corriente de la vida y cambiar su curso. Y eso es posible sólo cuando se da cuenta de que nadie hará nada por él, mientras él mismo no tome la iniciativa. De esto trata la película. Si no queremos vivir como parásitos en el cuerpo de la sociedad, disfrutando de los beneficios de la democracia; si no queremos convertirnos en conformistas y estúpidos consumistas, tenemos que aprender a renunciar a muchas cosas.

Y, sobre todo - prosigue Tarkovski -,cualquier reforma que propongamos debemos empezarla por nosotros mismos. Rápidamente, solemos echar la culpa de lo que pasa a nuestros amigos, a la sociedad, pero nunca a nosotros mismos. Yo me enfado cuando la gente hace responsable de todo lo malo que ocurre en el mundo a los demás, pero nunca a sí mismo. ¡Cuántos gastan gran parte de su energía en culpar a los demás, sin dirigir primero la mirada sobre ellos mismos! Empezar por uno mismo, eso es lo que deberíamos hacer todos desde el primer momento. Pero nos hemos acostumbrado a que todo lo paguen el esfuerzo y el trabajo de los otros, y no el nuestro propio.

Ninguna estructura social puede funcionar en parte alguna del mundo - continúa este gran director de cine - si no arraiga en cada individuo singular. Por eso resulta de extrema importancia restablecer la participación del hombre en su propio futuro, conseguir que éste vuelva a creer en su alma y en el sufrimiento de ésta, y que ligue su actuación a su propia conciencia. Estoy convencido de que todo intento de restablecer la armonía en el mundo sólo puede tener éxito a partir de la renovación de la responsabilidad individual. Y esto no lo haremos sin renovar nuestra actitud respecto a la fuerza que nos ha creado y que nos hace vivir".

A veces en un blog no hay que añadir nada más.