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martes, 22 de abril de 2008

LA NOCHE DE LOS LIBROS


Estaban muy ocupados charlando todos los libros. Cerré la puerta de Mi Siglo, entorné las ventanas del blog y estuve escuchando todo aquel rumor de estanterías en la noche de los libros, los volúmenes hablando unos con otros, los lomos de las filas altas encorvándose para susurrar habladurías a los de los estantes más bajos, los títulos comunicándose confidencias, las letras escapando de las portadas para correr a contar rumores de autores, fechas imprecisas, anécdotas secretas. Toda la biblioteca estaba en danza y la danza era bailada por libros infinitos, de todas las épocas, libros cruzados y encuadernados, libros rústicos, libros de mi niñez, libros recien comprados, libros subrayados, libros que yo no quería olvidar.
Estuve oyéndolos toda la noche.
- Los tontos - decía desde su alta estantería La Bruyere - leen un libro y no lo entienden; los talentos medianos creen entenderlo perfectamente; los grandes ingenios no lo entienden a veces del todo: encuentran oscuro lo que es oscuro y claro lo que es claro; los pedantes quieren encontrar oscuro lo que no lo es y no entender lo más inteligible.
Le contestó José de Maistre desde una esquina:
-Es cierto que recorriendo los libros reunidos por un hombre, se conoce en poco tiempo lo que es, lo que sabe y lo que ama.
Cicerón intervino de pronto desde otra repisa:
-Mis libros están siempre a mi disposición: nunca están ocupados.
Pero Swift casi le quitó la palabra:
-Estimo tanto los libros, que me los figuro vivientes, y que, al leerlos, converso con ellos.
Apareció una voz anónima, abriéndose paso por entre las maderas, encima casi de la puerta:
-Los libros antiguos -murmuró - son los libros de la juventud del mundo, y los libros nuevos son el fruto del tiempo.
Y Francis Bacon quiso añadirle desde un atril:
-La lectura hace maduro a un hombre; la plática lo hace desenvuelto, y el escribir lo hace exacto.
Después crucé el umbral de Mi Siglo y me alejé unos pasos de mi blog.
Aún estuve oyendo durante muchas horas los murmullos de los autores en la oscuridad. Vivían febriles. Se quitaban la palabra continuamente en la noche de los libros.

domingo, 20 de abril de 2008

EL LIBRO ELÉCTRICO


-Le pregunté si había oído hablar del libro eléctrico de salmos inventado por Happolati - me dijo Knut Hamsun.

- ¿Qué libro eléctr...?

-¡Un libro con letras eléctricas que lucían en la oscuridad! Una magnífica empresa, millones de coronas en circulación, fundiciones e imprentas trabajando sin descanso, un gran número de mecánicos empleados a sueldo fijo. Había oído decir que setecientos hombres.

Me sorprendí y me asusté porque creí que ya había sido inventado el libro del futuro, el libro transformado en pequeña caja metálica, un diminuto ordenador plateado que cada uno llevaba en el bolsillo, un dispositivo portátil para la lectura de textos digitalizados. Pero no, estábamos en 1899, no era posible, Knut Hamsun estaba a mi lado y sonreía.

Entonces cerré la novela "Hambre" donde se decía todo aquello, revisé la capacidad de su memoria, la duración de su batería y la conexión inalámbrica que me permitía la descarga por vía telefónica.

Luego me fuí tranquilo a esperar el futuro. Estuve toda la tarde feliz, leyendo en un banco del parque.





lunes, 24 de marzo de 2008

COMENTARIOS A BLOGS


Al comenzar esta nueva entrada de Mi Siglo y en el momento de teclear las primeras palabras se pone a mi lado Alberto Manguel ante la mesa del ordenador para recordarme que los comentarios a los textos de los blogs podrían evocar de alguna forma a las tradicionales anotaciones que siempre se hicieron a ciertas lecturas.
- No sé si usted lo sabe - me dice Manguel -, pero Montaigne, cuya costumbre de anotar se asimilaba a una conversación, continuaba el diálogo en la contraportada del libro que estaba leyendo, incluyendo la fecha en la que lo había acabado para recordar mejor las circunstancias de ese acontecimiento. Aunque tenía libros en varios idiomas, las notas marginales siempre eran en francés ("no importa en qué idioma hablen mis libros - decía -, yo siempre les hablo en el mío), y en francés ampliaba el texto y sus notas con sus comentarios críticos.
- Pero eso no se puede hacer en los blogs -le digo a Manguel -. Los blogs carecen de contraportada. Aunque los blogs sí tienen márgenes para que la gente opine. Los comentarios, igual que el texto, quedan alineados y fijos para siempre.
- Sin embargo - me replica Manguel -, no muchas cosas han cambiado. En la página tradicional, esos espacios en blanco que quedan después de que el escritor ha tratado de vencer lo que Mallarmé llamaba "la aterradora blancura de la página", son los espacios precisos en los que los lectores pueden ejercer su poder. Tradicionalmente, en esas aperturas entre el borde del papel y el borde de la tinta, el lector puede generar una revolución silenciosa y establecer una nueva sociedad en la que la tensión creativa ya no se genera entre la página y el texto sino entre el texto y el lector.
Estamos de acuerdo. Aunque el poderío del lector que podía alcanzar al autor no le alcanzaba sino que quedaba reducido a una anotación solitaria y personal. Ahora es distinto.
Luego Manguel me va contando lo que a su vez contaba Chateaubriand de un autor del XlX, Joseph Joubert. "Cuando leía -decía de él Chautebriand -, arrancaba de los libros las páginas que no le agradaban, y de ese modo logró formar una biblioteca completa a su gusto, compuesta de libros ahuecados dentro de cubiertas demasiado amplias para ellos".
Vamos teniendo así una grata y larga charla Alberto Manguel y yo ante este ordenador. Me gustaría que me ampliara más historias pero ahora he de teclear las primeras palabras de esta nueva entrada de Mi Siglo.